Crónica de la ultra de Monduber Trail de 78km

Empezamos la semana con la crónica de Ana Triviño en la Monduber Trail.

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“La Comarca de la Safor es para mí, como Nerja para los Chicos de “Verano Azul”

La Dorada 1 (Barco de Chanquete)

La Dorada 1 (Barco de Chanquete)

Y contemplar la Sierra del Montdúver (en valenciano) con sus 841 m. de altura, desde sus anchas playas de arena blanca, toda una provocación para un@ corred@r de montaña.
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Por ello me atrajo el MONDUBER TRAIL, desde que sus Organizadores lo presentaron en el Festival Internacional de Trail (FIT), que tuvo lugar en Jaca la primera semana de Julio 2016.

En esta 3ª edición, la sede anfitriona era Tavernes de Valldigna. La salida y llegada era su Polideportivo, aunque al ser varios municipios los que la organizan (Xeraco, Xeresa, Barx, Simat, Tavernes y Benifario), cada año le corresponde a uno distinto.

Mi elección fue el ultra de 78 Kms. y 4000m. de desnivel. También había otras opciones como el Maratón, la Media, Marcha Senderista y Trail para peques. Además, la carrera larga es parte del Circuito de Copa de España de Ultras, por lo que había una gran cantidad de participantes individuales y por equipos, y si participas en él, debes presentar documentación oficial (informe médico, consentimiento y exoneración de responsabilidad). Todo muy bien regulado y organizado.

El viernes 23 de Septiembre, mis amigos gandienses Adrián y Susana me dejaban en el Centro del Excursionista de Tavernes que la Organización había habilitado para que los corredores pudiéramos alojarnos, tras la recogida de dorsales, y es que teniendo en cuenta de que empieza a las 5 de la mañana, eres consciente de que vas a dormir poco y cuanto más cerca del punto de salida, mejor. 

Bajo un cielo estrellado, tras una fuerte tormenta de viento y granizo a última hora de la noche, me reúno al resto de corredores, acompañada por 2 “pros” del Equipo Trivici Team, entre ellos Miguel Matraix.

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De sorpresa en sorpresa, y saludo porque me toca, me acerco al gran Jaime González Espiquer.com, al que conocí en el FIT, y que nos despierta definitivamente con su simpatía y comentarios elocuentes, y cuya voz se puede escuchar desde muchos kilómetros de distancia.

Comienza la carrera puntual. Poco a poco y en un destacado silencio, vamos adentrándonos en los oscuros senderos que nos subirán hasta 300m. de altura bajo las luces de nuestros frontales.

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Foto: Last Race Studio

Hacia el km. 5, los voluntarios nos sorprenden con un avituallamiento que no estaba previsto y se agradece infinitamente. Nos preveen del barro que vamos a encontrar en breve. Inevitablemente hacemos la bajada con casi dos kilos de peso en nuestros pies y bastante incómodos hasta llegar al avituallamiento de Xeraco en el Km. 10. Nos sacamos el barro incrustado dentro de las zapas, mientras vemos los primeros rayos de sol amenizados por las gaviotas, en un cielo para grabar en mente.

Saliendo de Xeraco me adelanta Paco Belda, gran persona, que conoce la carrera como la palma de su mano porque la ha corrido varias veces y entrena por esa zona. Yo le apodo “mi liebre”, va siempre por delante de mi, y de vez en cuando grita para comprobar que le sigo: “Anaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”. No sabe cómo se lo agradezco porque el grupo se ha alargado bastante y voy sóla muchas veces, aunque me siento acompañada por las aves madrugadoras y el olor húmedo del pino mediterráneo.

Tras pasar el control y desayunar por segunda vez en Xeresa , comienza mi parte favorita y anhelada del recorrido: la subida a la cima de mi Mondu. Alcanzo a un corredor con el que voy unos kilómetros y que me anuncia su posible abandono en el siguiente punto, porque según él no está muy motivado. Cuando me doy cuenta de que no le puedo ayudar, afronto la larga subida haciendo alguna fotillo del camino para no pensar.

La señalización es buena durante todo el camino. No hay pérdida. Además, varias veces se podía percibir un helicóptero de Protección Civil, lo cuál proporcionaba seguridad y tranquilidad adicional, además de ver los numerosos puestos de asistencia de la Cruz Roja.

Ya en la cima, las vistas y sensaciones son inmejorables.

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Los voluntarios no pueden ser más agradables y serviciales. Paro a hablar un rato con ellos y descansar, y me dan 2 mandarinas de las nuevas y ácidas, ya de temporada, que sacan de dentro de una furgoneta.  Lo que no saben es que me las como bajando a Simat, en compañía de una pareja de españoles y otra de franceses. Hay corredores de todas partes atraídos por las buenas condiciones meteorológicas de la zona, la montaña y cómo no, la playa. 

Avituallamiento de Simat

Avituallamiento de Simat

Simat es punto de control, avituallamiento sólido y cambio de mochilas si has dejado algo para hacerlo. “Mi liebre” está comiendo y sale antes. Me es prácticamente imposible seguir su ritmo, pero siempre “me espera” en los avituallamientos. Atravesando el singular Monasterio de Simat, continúo el camino sin vacilar. Las siguientes subidas y bajadas se hacen largas porque prácticamente no las puedo correr.

El terreno es arduo y técnico y lo realizo con paciencia. Hay varios tramos de pista que ayudan a soltar las piernas y nos dan un respiro. Mi mayor dificultad la encuentro hacia el km. 62, donde toca subir parte de un kilómetro vertical y el terreno es muy resbaladizo. Gracias a que han puesto varias cuerdas, logro dejarlo atrás y después de un rato cresteando consigo bajar y llegar a Castell sin frontal, a pesar de que ya está anocheciendo. Y eso que no pensaba sacarlo de nuevo, porque estaba convencida de que llegaría de día 😉

En el avituallamiento hay cientos de personas animando a los de la “Media Maratón” que se unen con los que hacemos el ultra en este punto, y la última subida y bajada es por el mismo camino, lo cual me aporta la energía que necesito para llegar a meta.

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Foto: Last Race Studio

Subo a buen ritmo y bajo corriendo las innumerables zetas que nos conducen a la entrada  Tavernes, rodeados por los característicos cultivos de naranjos con un olor inolvidable, que me devuelven a La Tierra, y tomar consciencia de dónde estoy , en uno de mis hábitats favoritos (mar y montaña), bien cerquita del Mediterráneo, que tanto apego me produce.

Entrando directamente al Polideportivo desde el que había salido 16 horas antes,  me lleno de emoción viendo a corredores, voluntarios y mucha gente que me anima y aplaude al llegar a meta.

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Un reto muy deseado y cumplido.

Gracias Mondu, por dejarme disfrutar de ti, tan de cerca.”

Fotos: Ana Triviño y Last Race Studio

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