Crónica del XV Medio Maratón de montaña del Ocejón

Llegó el día por fin, en el que me atrevía con una de las carreras más especiales para mí, dura y exigente, organizada en mi pueblo Robleluengo, en la provincia de Guadalajara, pueblo que me ha visto crecer, carrera que había visto desde siempre como algo imposible, desde lejos, algo que no entraba en mis planes hasta este último año, que después de haber pateado varias veces la cima del Ocejón, me propuse entrenar para culminarla de otra manera, ¿por qué no? A cabezota no me gana nadie. 

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Amanecía el sábado bastante pronto, con ganas de haberme levantado más tarde de lo normal, pero debe ser que eso de los nervios de la carrera es verídico, porque a las 8:30 de la mañana ya estaba con el ojo abierto.

Desayuné normal como todos los días y ya se fueron despertando el resto de la familia, entre ellos mi hermano que también corría por primera vez “nuestra carrera” y que no quedaba tampoco impasible antes los nervios.

Durante la semana había estado bastante bien y la rodilla no me había molestado, pero el sábado me dolían hasta las pestañas, insisto, esto de los nervios no es nada bueno.

A partir de las 11 ya empezaba a haber movimiento por el pueblo, ya empezaban a venir los primeros corredores para poner sus tiendas y acampar en la zona habilitada.

Yo ya me había ofrecido a ayudar a los voluntarios pero Fernando Barbero que es el que organiza la carrera de siempre, me dijo, que yo era corredora y que tenía que descansar y disfrutar de la carrera, pero como he dicho antes, soy muy cabezona y al final puse mi pequeño granito de arena, indicando a los coches  para que se desviaran por un camino antes de entrar al pueblo, pero a la hora me mandaron para casa jejeje

Sobre las 12:30 llegaron unos amigos que iban a alojarse en casa y como no a correr el Ocejón: Javi,Ana y Pili, me hizo una ilusión tremenda pero por otro lado me entristecí cuando Ana me dijo que estaba lesionada y al final no podía correr, en fin hay veces que este deporte te pasa factura y hay que descansar.

A la media hora aparecieron Cristhian y David, ya estábamos todos, cocimos la pasta, le echamos atún y tomate y hacer mesa redonda, entre risas, nervios y charlas técnicas sobre la carrera terminamos, recogimos y subimos al pueblo a por el dorsal.

Ya se palpaba el ambiente de carrera, estaba la plaza llena, empecé a saludar a todo el mundo, me dio mucha alegría encontrarme con gente que hacía que no veía hace mucho tiempo y por fin cogí mi dorsal y mi camiseta, pero cual fue mi sorpresa cuando Ana le comentó al de la organización que la tachara, porque no iba a correr y le dijo que la devolvía el dinero de la inscripción si ella quería, increíble, esto jamás me había pasado.

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Pero al fin y al cabo, es una carrera familiar, pequeña, no más de 250 dorsales, una carrera que hace que repitas si o si todos los años, sobre todo por detalles como este.

Una vez recogido el dorsal, dejamos nuestro granito  de arena para la recogida de alimentos y enseres personales que organizaba la ONG Mundo Cooperante, y sin más dilación nos bajamos para casa a “disfrazarnos” nunca mejor dicho.

El calor apretaba y sabíamos que lo íbamos a pasar mal ya en la subida, mirando al cielo expectantes para ver si en algún momento esas nubes podrían darnos una tregua.

Ya preparados y con los nervios de punta, ahí estaba yo, con Pili a mi lado diciéndome que lo íbamos a conseguir.

A las cinco en punto se daba la salida y con una sonrisa en la boca empecé a correr, pero sabía que no tenía que ir rápido porque había que guardarse para la subida, increíble la gente animándome, mi gente, mis amigos del pueblo de siempre, eso no tiene precio, si o si, tenía que acabarla. (Foto 5:un amigo)

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En seguida llegué a Majaelrayo (km3), hacía un sol de justicia, llegando al km 6 ya estaba el primer avituallamiento, sólo de bebida, que yo ni la probé, directamente me eche como 3 vasos de agua por encima, el calor me estaba mermando y quedaba lo peor: 6,700 kms de subida con un desnivel de 950 m positivos.

Nada más pasar el avituallamiento empecé a andar, para mi ya era impensable correr, el sol caía de lleno a tus espaldas y esa nube no tenía intención de ayudarnos, hasta Peña Bernarda fuimos Pili, Mario(un chico que conocimos en carrera) y yo animándonos unos a otros. 

Christian Gallegos

Foto: Christian Gallegos

Teníamos que llegar al Km 10,300 en menos de 1:30 hrs si no queríamos que nos quitaran el dorsal, he de confesar que tuve un momento en el que estuve a punto de retirarme, pero no se de donde saqué la fuerza (o si) y seguí. Entré en el segundo avituallamiento en 1:27 hrs, uffff, por los pelos Yoly, y todavía quedaba un repecho de unos 2 kms hasta llegar a la cima, justo antes de llegar, vi que mi hermano ya estaba bajando y me entró un subidón que llegué al geodésico echando leches jejeje. Mi pulsómetro marcaba las dos horas de carrera.

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Foto: Christian Gallegos

Allí me paré, bebí,disfruté de las vistas y dí las gracias a esos 3 voluntarios que suben a cuestas con garrafas de agua más de 2 kms para que podamos hidratarnos arriba, ¡CHAPEAUX por ellos!

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A partir de ahí ya era todo bajada, pero las piernas ya iban cargadas y hasta el siguiente avituallamiento había que tener cuidado porque el terreno era muy técnico y el cansancio podía hacer que tropezaras con nada.

Y como dice una amiga: VOLEEEEE!! Empecé a adelantar a algún que otro chico y me dio otros segundo subidón, mis piernas respondieron mejor de lo que me esperaba, en una hora estaba en Majaelrayo, pero todavía quedaban 3kms para llegar a Robleluengo, sin duda, para mi, los peores, nunca he tenido tantas ganas de llegar a mi pueblo como este día.

Ya no quedaba nada, y a 500 mtrs antes de llegar a meta, me encontré con Julián, Esther y Elisa que estaban en un tapia subidos gritando: VAMOS YOLY CAMPEONA TU PUEDES, y ahí mi tercer subidón, empecé a correr como si no tuviera fin, y a lo lejos mi mejor imagen que quedará grabada en mis retinas: a mi madre como una loca aplaudiendo y medio llorando , con Ana, mi cuñada y mi sobri, Cristhian, Bull y David con un mini de cerveza esperándome, el cual cogí y como cual trofeo se tratara entré con el en la meta, oyendo al Speaker pronunciar mi nombre, a Fernando Barbero, amigo de mi padre de siempre y de mi familia. 

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No tengo palabras para agradecer a todos los voluntarios de todos los pueblos de la Arquitectura Negra y sobre todo a mi gente, a mis amigos con los que he compartido veranos enteros  con el Ocejón de fondo, me los debía y lo mejor de todo el haberlo compartido con mi hermano y esos amigos que tengo a mi lado que los adoro. Por cierto, no pudo dejar pasar ese 8º y 9º puesto que consiguieron David y Javi, sois unos CRACKS!!

Termino con una frase de una joven promesa del trail y que tuve el placer de conocer y entrenar con él hace unas semanas, Pere Rullán: “A veces nos obsesionamos demasiado con los km/h o la posición final y nos olvidamos que realmente esto siempre es relativo, que lo que siempre nos queda, es el haberlo luchado sea cual sea el resultado….

¡Porque disfrutamos de lo que hacemos y ahí está la clave para no parar de hacerlo!

Sólo puedo decir: “El año que viene más y que se prepare el Ocejón que llega la rubia con fuerza”

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