Mi primera Behobia

Correr una carrera como la Behobia por primera vez, creo que a todos nos roba un poquito el corazon, bueno conozco a gente que no, pero son la minoría. Hoy os dejamos la crónica de Paula, para revivir esas sensaciones a los que ya la corrimos y para quien no lo haya hecho… quizás el año que viene, en Avernotrail ya nos estamos preparando para volver el año que viene 😉

“54 edición de la archiconocida Behobia-San Sebastián, y primera vez para mí.  Carrera que todo “runner” de trail o de asfalto, ha de correr por lo menos una vez en su vida. Me habían dicho cosas como,” ya verás es la  Zegama de asfalto”, “marcará un antes y un después en tu vida de corredora”, “la gente te lleva sola”, y un largo etcétera.

Y qué razón tenían, la Behobia es más que una carrera. Es una sonrisa constante, piel de gallina al ver hasta personas mayores sentaditas en su andador aplaudiéndote, es como la salida y la llegada de una carrera constantemente. Es mágico.

Da igual que corras mucho o poco, allí hay sitio para todos, porque el objetivo no es lo que pone en el crono del arco de meta, sino DISFRUTAR, con mayúsculas.

Tema sentimental a un lado, más de 30.000 corredores y corredoras participaban este año , donde las chicas por poco no llegamos a representar al 25% de los participantes. Por ello este año tomó mucho sentido el hastag #BehobiaSS505025 ¿Qué quiere decir esto? Pues que se pretende y se desea, que en el año 2025 la participación de hombres y mujeres sea equitativa. Como algo representativo, gran parte de las liebres de la carrera eran mujeres. Así que ya sabes amiga, si estás leyendo estas líneas y nunca has participado en esta carrera, ¡hazlo al año que viene!

Organización brillante, puestos de control médico cada muy poca distancia, trenes y taxis gratuitos que te devolvían a San Sebastián si te retirabas, imprescindibles voluntarios de 10 alargando su mano en cada avituallamiento, pero qué carajo ¿qué me decís de la afición? Pffffff, alucinante. Y sabéis que fue algo que me encantó, y que creo que muchas grandes carreras deberían de tomar nota, los puestos de control de azúcar para las personas con diabetes.

Y de aquí en adelante mi crónica personal. Como bien sabéis, aquí una es más bien de campo y monte que de playa, pero no pude dejar pasar la oportunidad de vivir una experiencia como esta con mi gran equipo RUN&FUN.

Creo que allá por mayo me inscribí, cuando no había ni acabado la temporada de trail (que acabó fatídicamente, neutralizada en mi reto del año y con menos ganas de correr que de otra cosa) hice un parón de casi dos meses donde me dediqué a nadar y a entrenar fuerza, y en agostó volví a la carga. ¿Quién me mandó a mi inscribirme a Behobia si detesto el asfalto? Fue lo que me repetía a mi misma cuando retomé los entrenos, pero paulatinamente, fui mejorando tiempos y encontrándome muuuuy pero que muy bien. ¿Jorge qué tiempo me marco? –Paula, es tu primera Behobia, olvídate del reloj y disfruta.

10 semanas de entrenamiento llevadas como la seda, y en el último entreno de la semana número nueve y rodilla decide dolerme y hacer que me hundiese por completo. El lunes salí a hacer unas series para ver cómo se comportaba, dejé una por hacer y me marché a casa cabizbaja y trotando despacio y con miedo. Dos visitas al fisio que no veían nada, salvo una crepitación en la zona del tendón rotuliano. No había dolor, pero sí edema y unas sensaciones un tanto extrañas. Os prometo que nunca había dejado que mi cabeza me ganara, pero ver cómo casi tres meses de trabajo se veían truncados me rompía el alma. No lo voy a conseguir pensaba, ¿cómo voy a aguantar 20km de subidas y bajadas de asfalto así? Bueno, saldré y a ver qué pasa, si hago 2, como si hago 8 como si hago 17. Semana de reposo absoluto, el jueves fui a nadar porque mi cuerpo y sobretodo mi cabeza necesitaba tener sensaciones buenas, saber cómo respondía… el jueves por la noche me derrumbé, creo que lloré todavía más que cuando llegué a San Sebastián, pero lo necesitaba.

Suena el despertador el sábado a las 6am, ducha, desayuno, petates y al bus. Empieza el finde con el equipo cómo no, con risas. Siguen las risas, acompañadas de canciones de anécdotas de confidencias.

Llegamos a Irún a FICOBA  a recoger el dorsal y a dejar ya la bolsa que recogemos en meta para ducharnos después de la carrera.

Fotos aquí, fotos allá, qúe bonita la camiseta, vamos a comprar un gel. Día de turismo por la Concha y alrededores, cena, charla del entrenador y a dormir. Ni acordarme de la rodilla.

Más risas en el desayuno del domingo contando que todos habíamos sudado como pollos en el hotel de Anglet donde estábamos alojados. Foto grupal, y hacia la línea de salida que nos lleva el bus.

Pisete del miedo, último plátano y a las 10:42 estábamos cruzando la línea de salida.

Parpadeo y kilómetro 1, no se me ha quitado aún la piel de gallina y kilómetro 3, no puedo dejar de sonreír y estamos bajando la temida subida de Gaintxurizketa. Va a ser verdad eso de que la mayoría de los kilómetros los corre la afición por ti. Increíble lo arropada que te hace sentir la gente animándote por tu nombre, además creo que a las chicas nos animan todavía más si cabe.

Todo iba rodado, hasta que allá por el kilómetro 15 mi gemelo me da un aviso. ¡no me fastidies! Que ni me estoy acordando de la rodilla y se me acalambran los gemelos. Va a más, sobretodo el izquierdo. Paré dos veces a pedir réflex a los chicos y chicas de las ambulancias, creo que es por deshidratación, bebo agua en todos los avituallamientos, pero no cesa.

Fijaos lo joooorobadísima que iba, que ni me enteré de que estábamos subiendo Miracruz del dolor que tenía. Y a lo que pregunto a un corredor que tenía al lado, me dice que estamos en el kilómetro 18, que ya estamos en San Sebastián… y ahí se me empiezan a caer las primeras lágrimas, encaramos la playa y empezamos a pasar arcos de meta, madre mía que trozo más eterno, pero ahí la gente sabe que vas fundido y te animan a muerte.

Cruzamos “el puente verde” donde vemos a Jorge nuestro entrenador y gente del equipo que ya había terminado.

Arcos y más arcos, y de repente ya se ve el crono al fondo, miro el reloj, 300m quedan. Ya estás Paula, ya estás, busco a Conchi para entrar juntas de la mano, y BUFFFFF, que mezcla se emociones: satisfacción, alegría, dolor… no pude dejar de llorar hasta un buen rato después, y aún ahora escribiendo y recordando se me humedecen los ojillos.

Y a partir de ahí, a celebrarlo, tortilla de bacalao, chuletón y sidra, bien de sidra para celebrar que, una vez más, lo he vuelto a conseguir.

¡Volveremos, volveremos, volveremos ooooootra vez!

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1 Comment
  • Ana Triviño Ramos
    Posted at 11:07h, 17 noviembre Responder

    Emociona leerla y claro que volveremos!
    Enhorabuena Paula

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