TRANSGRANCANARIA 2020 – CRÓNICA DE CLAUDIA TREMPS

En estos días de reclusión que mejor que recordar lo vivido hace apenas unas semanas, hoy Claudia Tremps nos trae su paso por la clásica 128km de Transgrancanaria Sport HG

Llego a Las Palmas de Gran Canaria el miércoles previo a la carrera con muchos nervios. Es la primera prueba de la temporada y llevo pocos quilómetros corridos. He hecho mi pretemporada combinando la carrera a pie con el esquí de montaña y los entrenamientos de volumen los he realizado encima de los esquís.

Lo primero que noto es el calor que hace. Estamos a cuarenta grados. No recuerdo que el año pasado hubiera hecho tanto calor.

Dedico miércoles y jueves a para realizar todos los preparativos de la prueba, descansar en el hotel y salir a hacer los últimos rodajes previos a la carrera. Aprovecho estos rodajes para que me sirvan de aclimatación a la zona, y para ello, salgo a rodar durante las horas centrales del día.

 

Durante el viernes por la mañana llega mi asistencia. Lo dejamos todo en orden y solo falta esperar la noche. Todo el trabajo está hecho, ya no puedo cambiar nada. Ya solo queda descansar y mentalizarme en hacer la mejor de las carreras posible. Dar la mejor versión de mí misma y jugar bien mis cartas. La verdad es que el cartel de chicas que hay este año en la carrera de ciento veintiocho quilómetros es de infarto.

Dedico el resto del día a descansar en el hotel. Recibo la visita de mi nutricionista y también la de amigos. Empieza a anochecer y llega la hora de cenar, me visto y salgo en dirección a La Playa de las Canteras de la Palma de Gran Canaria.

La carrera

Llegamos allí muy temprano y el tiempo pasa muy, muy lento… ¡Quiero salir ya! Finalmente a las 22:50h, entro en el primer cajón, nos colocamos todos, empieza a sonar la música de salida, se encienden los fuegos artificiales y… ¡Salida!

Empezamos a correr por la playa y continuamos por el paseo marítimo. Me encuentro al lado de Fernanda Maciel, compañera de habitación en el hotel durante los días de las prueba. Lo primero que pienso es que estoy yendo demasiado rápido, pero me encuentro cómoda a aquel ritmo. Continuo con ella hasta al primer avituallamiento. Ella sale delante y yo detrás, pero vamos bastante juntas.

La noche es fría y cae una fina lluvia. Llegamos al kilómetro veintisiete donde ya me espera mi asistencia, a penas paro, cambio los botellines, cargo con la comida necesaria y sigo.

Me espera un tramo de subidas. Sé que si lo gestiono bien y corro en todos los sitios que son medio llanos, gano mucho tiempo. Miro el reloj y veo que voy por delante de los tiempos previstos, en cada control me estoy adelantando diez minutos sobre el tiempo que había planeado.

Llego al kilómetro cuarenta y no entro al avituallamiento. Mi asistencia ya lo tiene todo preparado. Antes de llegar allí ya había recibido información de que iba en séptima posición femenina y que las otras participantes no estaban muy lejos. Allí Fernanda se me escapa un poco.

La noche continua siendo fría y el trozo que viene ahora consiste en una bajada muy larga con el suelo muy húmedo y  le sigue una larga subida que recuerdo bien del año pasado porque hacía mucho frío. No me detengo demasiado tiempo en el avituallamiento que hay a media subida, y así no dejo enfriar mucho el cuerpo. Creo que lo estoy gestionando bien.

Al llegar arriba de la subida de la presa de los Pérez, aún es de noche pero durante el camino que nos lleva al pueblo de Artenara, empieza a amanecer, allí ya puedo ver de lejos otra vez a Fernanda, por lo que le he recortado distancia.

Ahora toca hacer un buen avituallamiento en Artenara, comer bien y recuperar fuerzas para poder llegar hasta el Garañon en el kilómetro ochenta y cinco.

Termino de comer todo lo que tengo programado, lleno la mochila con más comida que me será necesaria, guardo el frontal y continuo.

El tramo que viene ahora es realmente precioso, el año anterior pasé por allí una hora y media más tarde y recuerdo que el calor ya era significativo. A lo largo de la subida alcanzo a Fernanda, compartimos algunos metros y yo acabo tirando un poco hacia delante y llego arriba sola.

Desde allí empiezo a ver la larga y rocosa bajada hasta Tejeda. Durante la bajada intento visualizar mentalmente como será la subida que me espera luego, y también el camino hasta Garañon. Sé que allí comeré bien. Me sentaré dos minutos y luego empezaré la última maratón. Es por este motivo que decido no parar en el avituallamiento que tengo ahora, solo intercambio botellines con mi asistencia y sigo.

A media subida hacia Roque Nublo, me informan que Mimmi Kotka, favorita para ganar la carrera, se encuentra a ocho minutos por delante. Fernanda está detrás así que estoy en la sexta posición femenina.

Empiezo a hacer una subida rápida, donde se me rompe un palo. Así que llamo a mi asistencia para que pueda tener preparados los palos de repuesto. Subo igualmente a buen ritmo sin dar importancia al palo roto y concentrándome en la carrera. También me he propuesto alcanzar a Kotka.

Llego arriba de Roque Nublo y me informan que Kotka esta a pocos minutos por delante, así que  empiezo la bajada con muchas ganas y a menos de un quilómetro de llegar a la base de vida me informan que Kotka ha pasado a penas hace un minuto. En ese momento pienso que si ella también para a comer en el Garañon, le podré dar alcance.

Comer bien en el Garañon es un punto clave en esta carrera, ya que queda una maratón entera y mucho calor. Al llegar allí, veo a Kotka. Me como todo lo que me ha preparado la asistencia, y no me cambio el par de zapatillas que llevo puesto. Me estoy sintiendo muy cómoda con ellas y no me apetece usar otras. Cojo los palos de repuesto y continuo.

Kotka abandona en el avituallamiento, pero yo igualmente salgo fuerte, con la mirada puesta en llegar al siguiente punto de control. Me espera un tramo muy largo, en el que parece que no llegue nunca al avituallamiento. No pasa ni una pizca de aire y se puede hacer muy largo si las piernas no te permiten correr en los falsos llanos. Por suerte las piernas aún me responden bien.

Llego al avituallamiento casi sin agua. Relleno los botellines y sigo por la larga bajada, llena de piedra y de gente que corre la distancia de maratón.

Ahora lo que toca es intentar soportar el calor y hacer doce kilómetros donde viene una bajada, una sofocante pista de subida y otra bajada. Esta última es de las más técnicas de la carrera.

Llego a un pueblo en el que hace tanto calor que parece que este dentro de un horno, allí hay mi asistencia que me ha preparado un batido fresco. Me siento, como un poco de yogurt y visualizo la última subida que me queda. Es la última vez que veré a mi asistencia antes de la meta. Me quedan diecisiete kilómetros y los repaso mentalmente. Cuatro son de subida, dos son de bajada y el resto una combinación de un rio seco de piedras, donde tienes que mirar bien donde pisas, ya que si vas cansada puede ser infernal, y una pista seguida de un pavimento con más piedras.

Así que salgo del avituallamiento donde todo el mundo me dice que hago muy buena cara, y empiezo a subir, pensando que quiero llegar a la meta conservando la quinta posición. No la pienso dejar escapar, ma ha costado mucho esfuerzo llegar hasta aquí, así que lucharé hasta el final.

Hago la subida a buen ritmo y enseguida viene la bajada. Llega la parte infernal de las piedras. Me encuentro bien y no voy a caminar en ningún momento porque no puedo perder ni un segundo.

Llego abajo y el calor aún es más fuerte, pero no pierdo ni un minuto. Corro sin bajar mi ritmo y las piernas continúan respondiendo. Me cuesta de creer que aún estén enteras. Paso todo el trozo de piedras y cuando llego a la pista llana sigo corriendo a un ritmo cómodo. Miro el reloj y veo que estoy corriendo a 4:50 min/km. No puede ser. Estoy yendo muy rápida para ser el kilómetro ciento veinticinco de carrera.

Empiezo a visualizar el final, la esperada meta, es lo único que veo en mi mente. De lejos veo las dunas, y el cartel que indica que quedan tan solo dos kilómetros para meta. Así que menos de diez minutos estoy allí. No me lo creo, la piernas están aun en su sitio, y estoy entrando en meta en quinta posición de una carrera de la UTWT y con muchísimo nivel femenino.

Así que la temporada no la podría haber empezado de mejor forma. Ahora lo que toca es seguir trabajando y mejorando día a día para. Esto solo acaba de empezar.

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