El pasado sábado 29 de noviembre, el Hotel Hesperia A Coruña Centro abrió sus puertas no solo al deporte, sino también al cuidado, la energía compartida y la conexión entre mujeres. Más que un evento, fue una mañana para reencontrarse con el propio cuerpo, inspirarse y sentirse parte de algo común.
La entrenadora personal e influencer Marimi García lideró esta jornada que reunió a decenas de mujeres en un ambiente cercano y vibrante. Desde el primer momento, la sala se llenó de movimiento, sonrisas y ese tipo de motivación que nace de sentirse en un lugar seguro.
Entrenar desde la escucha y para todas las etapas
La sesión no fue solo ejercicio físico: fue una invitación a moverse con conciencia, a reconectar con la fuerza propia y a entender el entrenamiento como una herramienta de autocuidado. Con propuestas accesibles para todas las edades y niveles, Marimi guió un entrenamiento donde la técnica y la emoción caminaron de la mano.
Su enfoque, tan real como inspirador, encontró eco en muchas de las asistentes, especialmente en aquellas que están aprendiendo a integrar el deporte en su día a día desde un lugar más amable y sostenible.
Cuerpo, comunidad y tejido local
Además del entrenamiento, la jornada fue también una celebración del ecosistema de mujeres y marcas que trabajan por el bienestar en la ciudad. Espacios dedicados al autocuidado, bebidas fermentadas, moda deportiva, terapias y belleza compartieron sus propuestas, creando un pequeño mercado de experiencias donde el deporte, la salud y la comunidad se entrelazaron de forma natural.
El evento fue también un paso más en el camino de Marimi García como divulgadora, semanas después del lanzamiento de su libro «Que la fuerza te acompañe», un manifiesto personal que anima a las mujeres a derribar mitos y a descubrir el entrenamiento de fuerza como una herramienta de empoderamiento a lo largo de todas las etapas de la vida.
En un mundo que corre demasiado deprisa, regalarse una mañana para moverse, escuchar al cuerpo y compartir con otras mujeres es casi un acto revolucionario. Que existan espacios así —donde el bienestar no es una meta estética sino un camino compartido— nos recuerda que el autocuidado también se entrena, y mejor si lo hacemos juntas.
Porque cuidarse también es parar, respirar… y volver a empezar, con más fuerza.
Fotos: Diana Fajardo