Crónica de la CCC por Luciana Moretti

Luciana Moretti es argentina, aunque pasa sus días entre Uruguay y España, hace 6 años comienza corriendo alguna carrera de asfalto de 10km pero al acompañar a su chico a las carreras de aventura poco a poco le va picando el gusanillo y acaba enganchada al trail running, en el 2010 corre el k42 en Villa de Angostura y ya no para. Al año siguiente da el salto a los ultras y  corre los 80km TNF en chile

En el 2012 entre otras corre el Cruce de los Andes junto a John y consiguen el primer puesto en mixtos.

En este 2013, hace 9ª en la Transvulcania y 4ª en el Mam antes de enfrentarse a la CCC.

Sabiendo que la CCC era su objetivo del año y echándole “morro”, la pedí que nos contara en primera persona como vivió la carrera, así que a sentarse y a disfrutar de esta carrera que para mi es la más especial de las que se organizan en torno al UTMB.

“Cuando a las 6 de la mañana sonó el despertador, me desperté con una mezcla de nervios pero también alivio: finalmente correría la CCC, mi prueba objetivo del año. La ansiedad había ido aumentando en los últimos días y sólo quería que la carrera comenzara de una vez por todas. Me levanté intentando no hacer mucho ruido ya que John también correría ese mismo día, pero más tarde, la UTMB. Después de un desayuno de avena con banana y miel y un café con leche (los nervios no me permitieron comer mucho más) ya estaba lista para partir. John no pudo evitar despertarse y tras una breve despedida (ya no nos veríamos hasta que el terminase su carrera 30 horas más tarde), salí de casa. Aunque hacia frío, el cielo estaba totalmente despejado. Nos esperaba un día espectacular.

Fui caminando hasta la estación desde donde la organización nos llevaría en buses hasta Courmayeur, Italia. La carrera comenzaba a las 9 de la mañana así que tenía suficiente tiempo. Tras 40 minutos de viaje, llegamos al otro lado del Mt Blanc donde ya había gran cantidad de corredores y un ambiente muy animado.  Enseguida fui a la zona de largada (salida) para prepararme. Los 1900 corredores largarían en 3 tandas con 15 minutos de diferencia para intentar que la salida fuera más fluida y evitar “embotellamientos”. Yo saldría en el primer cajón y  por suerte, no tuve problemas en colocarme cerca de la largada.

 

Es interesante como los nervios van disminuyendo una vez que la carrera es inminente. En la largada, ya estaba bastante más tranquila,tan sólo ansiosa por comenzar.  Esta carrera representaba una gran oportunidad para desafiarme a mí misma y probarme en una distancia nueva y con un nivel de competencia excelente. El clima era perfecto. No sólo permitiría disfrutar de las vistas increíbles del recorrido, sino que también me ahorraría la experiencia de correr bajo una lluvia torrencial como había ocurrido en los años anteriores. Casi sin darme cuenta, comenzó la  cuenta regresiva y largamos.

El ritmo era más bien de un 10k y no de un ultra, pero mi plan era intentar salir controlada, no pasando determinado nivel de pulsaciones. Sabía que corría el riesgo de que se formara un cuello de botella en la primera subida, pero decidí mantenerme con el plan. Conocía muy bien el recorrido de la carrera, salvo estos primeros kilómetros hasta llegar al sendero que nos llevaría hasta Tete de la Tronche. Tenía esperanzas que los kilómetros previos de calle evitarían el embotellamiento. Me mantuve con el plan, y obviamente…mi plan no funcionó.  En cuanto llegamos al sendero, se formó un tapón considerable y así inicié el leeeento ascenso hasta el primer puesto de control (+1500 mts de desnivel). Cada tanto, cuando el terreno se aplanaba, los corredores se distanciaban un poco y era factible adelantar pero muchos corredores aún no estaban muy predispuestos a dejar pasar a otros. Paciencia, la carrera es larga … y tampoco podría hacer nada en ese momento.

Foto: UTMB

Foto: UTMB

Tenía un objetivo de tiempo o más bien una referencia de carrera si todo salía  “perfecto”: 15hs en el mejor de los casos. Y además tenía en mente los splits (parciales) entre controles.  No planeaba estar pendiente del reloj, ni de los splits, pero si tenerlos de referencia por si los necesitaba en algún momento. Pero, como mencioné antes, no conocía bien el primer tramo y tenía dudas sobre mi tiempo estimado para este segmento (por suerte John estaba advertido!). Al ritmo que iba, sin necesidad de mirar el reloj, ya sabía que estaba totalmente fuera del “objetivo”!

La distancia de la carrera son  101 km con 6100 mts de desnivel positivo recorriendo Italia, Suiza y terminando en Chamonix, Francia.  En mi mente, resumía el recorrido en 6 grandes subidas y 6 bajadas. Simple. Y esta primera subida era la más temida (seguida de la cuarta, Bovine): en parte por la altura ya que llega a 2570 mts (viviendo frente al mar, no soy amiga de las alturas) y sobre todo por las pendientes absurdas de algunos de los tramos.

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Los últimos metros de este ascenso se hicieron interminables…  las piernas me quemaban, me falta el aire y apenas avanzaba! Si bien nadie me adelantaba, notaba que en los tramos con mayores pendientes, la distancia con otros corredores se acortaba (una constante que se repetiría durante toda la carrera). Será por no usar bastones? Quizás es algo que debería probar en el futuro. Por suerte, ya estaba cerca del primer puesto del control  donde comenzaba un tramo bastante plano seguido de la bajada hasta el refugio Bertone.  A esta altura, los corredores estaban un poco más distanciados entre sí, y aunque el tipo de sendero (un muy angosto surco) no facilitaba adelantar a otros corredores, pude comenzar a pasar varios, incluyendo a varias mujeres. Que bien se siente uno cuando por fin coge un poco de ritmo y estira las piernas después de esa subida tortuosa.  Y sobre todo, con aquellas vistas de recompensa! No me sentía muy rápida tampoco, pero no me suelo sentir bien corriendo en altura y aún era muy pronto en la carrera.

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Foto: Luciana Moretti

Un gran alivio llegar al avituallamiento de Bertone, donde cargué agua rápidamente (es la primera carrera donde uso botellas, en lugar de camel) y a seguír. Por primera vez miré el reloj. 2.35 horas,  25 minutos más de lo que había estimado! Pero sabía que tenía aún 85km x delante y tenía claro que mi objetivo de tiempo era sólo una referencia, no podría dejar que me afectase.

El tramo siguiente eran 13 km perfectos para correr: un terreno levemente ondulado a lo largo de Val Ferret… pero me seguía costando coger buen ritmo. Me aseguré de seguir comiendo e hidratándome porque el calor ya se sentía. Traté de no dejar caer mucho el ritmo y así logré llegar hasta el refugio Bonatti para continuar luego la bajada hasta Arnuva. En esta última bajada, al menos tuve la grata sorpresa de que nadie me adelantase… Será que todo el entrenamiento en bajadas post Transvulcania habría dado resultado? Lo más probable es que los demás estuvieran relativamente más cansados, pero opté por convencerme de lo primero .… mi autoestima lo necesitaba! En Arnuva se encontraba el primer avituallamiento con sólidos y líquidos. Sabiendo que habría que esperar otros 14 largos km hasta el próximo, tomé un poco de coca, comí unas naranjas y después de mojarme la cabeza, salí para encarar el segundo gran ascenso: Gran Col Ferret.  Volví a mirar mi Split y tuve una segunda alegría cuando mi tiempo había sido aún mejor de lo que esperaba… quizás no estaba yendo tan lento a pesar de mis malas sensaciones

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Foto: UTMB

La verdad es que aún no me encontraba corriendo cómoda. Y cuando comencé la subida, realmente me preocupé: sentía las piernas muy pesadas, me costaba muchísimo avanzar y esto era sólo el segundo ascenso del recorrido!  Con las dos manos en las rodillas, continúe subiendo tratando de focalizarme sólo en poner un pie delante del otro hasta llegar al Col. Debía enfocarme y preocuparme por esta subida, luego vería como encarar el resto. Creía que estaba alimentándome bien, pero decidí intentar consumir más calorías, así  que me forcé a comer durante toda la subida: un poco de proteína, algún gel, gominolas, algo con sal… en definitiva, un popurrí  que sería un buen test para mi estómago.

Ahora los corredores ya iban todos muy distanciados y hacia horas que no veía ninguna mujer. Dada mi fallida estrategia al comenzar, no tenía idea de cuál podría llegar a ser mi ubicación relativa. Pero no tenía sentido pensar en ello cuando tenía  otros temas más apremiantes: ¿cómo me voy a poder enfrentar las 4 subidas restantes en ese estado? Y los 70km que restaban hasta la meta!  Al llegar al Col Ferret, alguien comentó que era la 11ª mujer – aunque entre mi francés y mi experiencia sabiendo que a veces los datos son pocos confiables, lo tomé un poco con pinzas. Igual no pude evitar ilusionarme un poco … quizás no iba tan mal como pensaba.

Mis piernas habían seguido fatal durante el último tramo de la subida y ahora además le agregaba un estomago un poco revuelto. Pero tenía unos 20km aprox. de bajada hasta Praz de Fort – era un segmento “fácil” si tenías las piernas para correrlo. Poco a poco comencé a sentirme mejor, más fluida, más rápida y comencé a disfrutar.  No sé bien como, pero había “revivido” y la sensación cuando se produce ese cambio es increíble.  Supongo que ese es uno de los atractivos de correr distancias largas: te da suficiente tiempo para recuperarte de momentos difíciles y de repente, tu cabeza y piernas  son otras!  Hasta en los sectores  planos de asfalto, me sentía muy bien corriendo y a buen ritmo. Recibir el ánimo de la gente al cruzar los pueblos, también era un gran estímulo.

Con el espíritu renovado, comencé la tercer subida a Champex, donde comprobé que también me sentía muy bien trepando. Un alivio. Y enseguida vi a otra corredora: un pequeño bonus para mantenerme motivada durante el ascenso. Fui acortando la  distancia y unos metros antes de llegar al avituallamiento de Champex,  la pude adelantar. Llegar a Champex fue una experiencia en sí misma: la cantidad de gente que había alentando y aplaudiendo en el último de la tramo del ascenso era sobrecogedor.  Ya estaba en el km 55km, un poco más de la mitad de la carrera pero aún faltaban 3 largos ascensos. Este es el primer puesto donde se puede tener asistencia externa y aunque yo no iba a tener asistencia, había conseguido dejar con alguien una bolsa para que me entregaran allí. Era una gran ayuda ya que me evitaba tener que cargar con todo el peso de la comida para la segunda parte de la carrera.  Si bien en general no tengo problemas para comer, mi alimentación es básicamente a base a geles (sobre todo a medida que pasan los km) y sabía que en los puestos tendrían gran selección de quesos, salamis, galletas y chocolates… pero geles no habría. Luego de recoger mi bolsa, liarme decidiendo si debería llevarme todas las calorías que había empaquetado, atragantarme con un jugo de naranja que tenía preparado y recargar agua (que estratégicamente estaba en la punta opuesta de donde tenía mis cosas y de la salida)….por fin logré salir… después de 8 minutos!

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Foto: Luciana Moretti

Lo positivo es que salí con una energía increíble y vi que a unos pocos minutos había otra corredora – indudablemente ella también me vio porque enseguida comenzó a acelerar. Mantuve mi ritmo, haciendo mi carrera, pero me propuse no dejar de correr hasta llegar a la temida subida a Bovine. En realidad, este es un tramo con una leve inclinación totalmente corrible…pero después de 55 km no era tan obvio y tuve que obligarme a hacerlo.  Al cabo de unos minutos logré adelantarla, intercambiando algún Ciao (corredora italiana) y no paré de correr hasta asegurarme de haber salido de su vista.  No volví a mirar atrás,  pero sabía que ya había puesto bastante distancia. Era un buen momento para colocarme el Mp3. Continúe subiendo con un ritmo decente, pasando varios corredores, pero el zigzag del ascenso me permitía ver a la corredora italiana a lo lejos y me parecía que estaba achicando la diferencia.

Cerca del final del ascenso, se comenzaron a escuchar los cencerros: indudablemente ya estábamos cerca de Bovine.  Al acercarnos se podía ver en lo alto cientos de toros que parecían estar por emprender su bajada… sólo pensaba que ojalá no fueran a bloquear el sendero como ya me había pasado en alguna otra oportunidad.   Y aquí llega el momento tragicómico de la carrera. Venía corriendo sola como durante casi toda la carrera, hasta que dos corredores de Islandia se colocaron detrás de mí…, los tres llevábamos el mismo ritmo y yo iba al frente, cuando de repente uno de ellos me pasa simulando un sprint.  Al mismo tiempo escucho un ruido impresionante que hasta lo siento en el piso y veo que los toros estaban corriendo en nuestra dirección…. Automáticamente me uní al “sprint” y quedé entre los dos islandeses, gritándoles que es lo que suponía que teníamos que hacer! Just Run! Pues si es lo que intentaba hacer hace horas … pero la cara de aterrado del islandés me convenció! Es posible que esta situación durara sólo unos minutos (quizás segundos) y el agotamiento suele deformar un poco la realidad: ni los toros eran tantos, ni tan rápidos, y mucho menos que nuestro “sprint” se podría calificar como tal! Pero, cuando por fin nos detuvimos, mi corazón estaba por estallar! Por suerte los toros, vieron un grupo de corredores más numeroso que venía por detrás y se decidieron por ellos.  Aliviados continuamos corriendo juntos varios km, hasta que comenzó la bajada hacia Trient y yo me separé.

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Foto: UTMB

Continuaba sintiéndome aún bastante fuerte a pesar que los cuádriceps ya comenzaban a doler en las bajadas.  Pase a varios corredores incluyendo a Isobel Wykes justo antes de llegar a Trient. En el avituallamiento volví a tardar más de la cuenta (como 9 minutos) y aún no sé cómo! Había decidido sacar la frontal y mi linterna de mano ya que sin duda no llegaría con luz al próximo avituallamiento y también ponerme una camiseta de manga larga. No suena muy complicado… pero cuando intentas hacer todo muy rápido y ya llevas 70km encima, generalmente las tareas más simples se complican un poco. Como si fuera poco, apenas salí del avituallamiento empecé a dudar: dónde había colocado la segunda linterna? Tuve que quitarme la mochila para revisarla!    Para rematar, luego me di cuenta que tenía  una gorra que no podría usar con la frontal…y terminé regalándosela a un niño que estaba animando (tenía suficiente material obligatorio ya que también llevaba un buff).

Apenas salí de Trient, comenzó el ascenso a Catogne: un zigzag interminable  en un bosque bastante denso.  A medida que subía, la noche se acercaba y las luces de Trient iban quedando a lo lejos.  Cerca del final, tuve que sacar el frontal…. La noche era increíble. El cielo estrellado, la luna en lo alto y la temperatura perfecta. Hay algo especial en correr de noche… el frontal iluminando sólo unos metros delante de ti, nada más que tus pasos  y el resto es la oscuridad total.  A pesar del lógico cansancio, me sentía que aún podía llevar un ritmo decente y logré avanzar algunas posiciones más tanto en la subida como en la bajada a Vallorcine. Pero también tuve una gran ayuda,  las propias palabras de muchos de los corredores que adelantaba… A pesar de su propio cansancio y de estar adelantándolos,  recibí gran cantidad de comentarios positivos y apoyo de todos los corredores con los que me cruzaba… Creo que esto demuestra un poco el espíritu entre los corredores de tipo de carreras.

Por fin llegué al último puesto de abastecimiento, Vallorcine, donde tomé un poco de sopa y coca (no es una buena la combinación, pero por separado funcionan) y salí enseguida.  Dudé en preguntar en qué posición estaba, pero decidí no hacerlo. Realmente no iba a cambiar como correría y quizás me pondría más nerviosa… según mis cálculos debería ser al menos la 7ª mujer.  A pesar de estar muy animada sabiendo que sólo quedaba la subida a La Tete Aux Ventes y 20km hasta la meta… ya no podía correr la más mínima pendiente, quería hacerlo, pero mis piernas se negaban a correr más que unos metros. En los 2 km hasta Col de Montets tarde una eternidad. Ahí comenzaba el ascenso y se podía ver varias luces de frontales serpenteando la subida.  Esta es la subida más técnica de todas y la ventaja de hacerlo de noche es que al menos no ves lo que aún tienes por delante.  Aunque sentía que avanzaba muy lentamente, iba a acortando la distancia con los frontales que tenía delante de mí. A mitad del camino, estaba por pasar a un corredor, cuando me di cuenta de que era una mujer, Marie Noelle. Me dio alguna palabra de aliento en francés (al menos eso interpreté), le pregunte si estaba bien y seguí determinada a juntar fuerzas para no bajar el ritmo de ningún modo. Sería la sexta mujer? Estaría a un puesto del podio? Ahora el cansancio comenzaba a sentirse en cada paso, pero sabía que era la última subida… después sólo quedaba la larga bajada de Flegere hasta Chamonix.  Poco antes de llegar al último puesto de control, empecé a escuchar a un corredor que se acercaba con muy buen paso – sólo deseaba que no fuera ningún mujer!  Me adelantó como si estuviera parada y para mi sorpresa, era uno de mis amigos islandeses. Se le veía muy fuerte y este sería el único momento en que perdería una posición entre puestos de control. Bien por el! Al llegar al último control, finalmente pregunté cual era mi posición: 5ª mujer, eso significaba podio! (se premia a los 10 primeros hombres y 5 primeras mujeres). No podía creerlo, sentí una gran satisfacción, pero la carrera aún no había terminado.  A sólo 10 km de la meta, no podía arriesgarme a perder otra posición…por suerte era todo bajada y ya no importaba terminar de machacar mis ya doloridos cuádriceps!  No sé de dónde saque tanta energía, pero sentía que volaba en la bajada (luego mi Garmin desmentiría esto… el cansancio volvía a tergiversar la realidad). Ya estaba saboreando la meta.

Casi todo el descenso, lo hice junto a  otros 2 o 3 corredores y hacer la bajada en un pequeño grupo fue energizante! Sólo el sonido de nuestros pasos en medio de la noche. Las luces de Chamonix se veían cada vez más acerca y poco a poco fui adelantando a algún corredor más hasta llegar a Chamonix. De ahí sólo serían unas cuadras hasta la meta. A pesar de no haber mucha gente en el pueblo, la felicidad de ya estar ahí era inmensa.  Es difícil transmitir la emoción que se siente en ese momento… no importa cuán cansada estas,  todos los nuevos pequeños dolores que sientes o saber cuánto dolerá todo tu cuerpo al día siguiente… saber que estas por terminar un desafío y  cruzar la meta que tantas veces has visualizado, es un momento muy especial.  En esta oportunidad,  no iba a poder compartir ese momento con John (que aún estaba en carrera), pero en la recta final había varios amigos esperándome. Con una enorme sonrisa, finalmente cruce la tan deseada meta.

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Foto: UTMB

16.10 hs de carrera, 621 en la general y quinta mujer! Podio del CCC. Quizás no haya sido la carrera “perfecta”, pero estoy feliz con mi carrera y con suerte, habré aprendido de varios errores. Creo que haber sido tan conservadora al comienzo pudo haber sido un error, pero quizás también me haya permitido reservar fuerzas para el final… algo para pensar. Pero he disfrutado muchísimo (sobre todo la segunda parte) y terminé sintiéndome relativamente fuerte.  Toda la semana en Chamonix ha sido una experiencia inolvidable. Definitivamente volveré e intentaré hacerlo mejor… sólo queda por definir la distancia a correr.

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Gracias a toda mi familia que sufre cada km conmigo y a todos mis amigos que me apoyan y están siempre pendientes. Y sobre todo, gracias a John… quien me enseno todo lo que se sobre ultras… y quien me motiva e inspira a continuar empujando mis límites”.

Aquí tenéis los datos de mi carrera según la organización, para verlos mejor, hacer click sobre el cuadro.

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Hasta aquí el relato de Luciana de lo que fue su CCC, no tengo ninguna duda de que esta carrera la ha enganchado y que ahora solo la queda pensar en que distancia recorrerá al año que viene. Por cierto John termino su carrera en 10 posición de la general y 1º de veteranos en el UTMB de 166km, una fiera.

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Gracias Luciana por compartir con nosotras tu experiencia en la CCC, espero que nos veamos este año en otras pruebas antes de vernos seguro en Chamonix, Suerte!!!

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