MI DECISIÓN PARA SER PROFESORA DE PILATES POR LAYLA FERNANDEZ

Hoy os traemos un articulo muy especial, nuestra compañera Layla desde Zaragoza quien colabora desde hace años con la Asociacion Española contra el Cancer nos cuenta como la pérdida de un ser querido, nos puede llevar a encontrar aquello que nos hace feliz y con lo que ademas podemos ayudar a muchas personas.

Hace unos días se celebró el V Congreso Aragonés de Personas con Cáncer y familiares, no os lo creeréis, pero este enloquecedor 2020 ha conseguido que nos descuidemos de revisiones, pruebas y en general de todo lo nos ayuda a la detección temprana y diagnóstico de la enfermedad que sigue siendo la que más me da que pensar de todas.

El segundo día de ese congreso, uno de los talleres que se emitirían era el mío, y quiero contaros cómo he llegado a formar parte de esta maravilla de cita.

Corro, aunque no gano carreras; también trail, aunque no soy buenísima ni subiendo ni bajando; tengo entrenador personal, aunque no soy élite ni soy rica; cuido mi alimentación; y para postre soy propietaria junto a mi socio Vlady de un gimnasio en el que soy profesora de Pilates, y no, no he hecho deporte toda mi vida. Todo esto y mucho más es por una sola razón: La Salud.

Mis maravillosos padres me tuvieron súper jovencitos y lo primero que tengo que agradecerles es una infancia preciosa. Veranos en el pueblo, rodeada de campo, ovejas, gallinas y todo bichillo que os podáis imaginar, entorno saludable en todos los sentidos.

Recuerdo, dando ya un salto en el tiempo, que a los 24 años rellenando un historial para un médico privado me preguntaron si en mi familia había algún caso de cáncer, mi respuesta era clara: No. Mi padre entonces tenía sólo un año más que yo ahora mismo.

La familia éramos, como se dice en los cuentos, papá, mamá y tres hermanas. Todos con alguna cosa en común y otras diferentes y especiales de cada uno. No es ningún secreto, que mi padre era para mi la persona más increíble, inteligente, paciente, trabajadora y dulce del universo. Mamá, sé que allá donde estés no te pones celosa por esto que estoy diciendo.


En 2012, un día como otro cualquiera, de cualquier mes, a cualquier hora y después de más de cuatro visitas, tanto a médicos de cabecera, como a médico de empresa nos daban la noticia más horrible que nos podìan dar, papá tenía cáncer de cólon en estado avanzado. No sé porqué la llaman noticia, es una porquería, es una injusticia, una mierda con mayúsculas. No os diré que mi hermana estaba embarazada, ni que que mi hermana pequeña se iba a casar, ni tampoco que mi padre tenía 61 años.

Desde ahí nada tiene sentido, nada está bajo tu control, se suceden las visitas médicas, la radioterapia, la quimio, los cambios hasta en la pasta de dientes porque todo tiene que ser especial para él.

Si sigo por este camino, creo que se me irá todo a que notéis mi infinito enfado con el mundo. No es eso lo que merecían mi padre, ni mi madre, que se puso malita tiempo después.

Cuando alguien a quien quieres infinito se pone malito, creo que sin duda la sensación que todos sentimos es la impotencia; el no saber cómo ayudarle, como mitigar su dolor, como animarle…te cambiarías por él o ella con los ojos cerrados.

El diagnóstico de papá era malo, muy malo, demasiado rápido todo, demasiado feo. Mi trabajo de aquél entonces me permitía pasar mucho tiempo con él, acompañarle a todo: quimio, radio, visitas médicas, primera operación…y todo era leer, estudiar, buscar qué podía hacer yo para que se sintiera mejor. Así entre unas cosas y otras, descubrí el Pilates. Descubrir el refuerzo de la musculatura profunda, lo que puede mejorar en global la fuerza, tonificar y preparar al cuerpo para lo que pueda venir más adelante.

Soy muy afortunada, porque hablé tanto con mi padre, compartimos tantísimo durante ese año, lloramos, reímos, nos pedimos perdón, aunque no hacía falta y también nos perdonamos, aunque tampoco hacía falta. Papá era el contador de historias más hipnotizador del mundo, recuerdo enfermeras en el turno de noche escuchándole mientras hablaba de curiosidades de la historia, con el hospital en silencio y el olor a café de la máquina del pasillo.

Todo pasó demasiado rápido, y mi parte egoísta suplicaba que papá se quedase más y más con nosotros aunque veía que se apagaba, siempre con una sonrisa disimulada para no preocuparnos. Soy consciente que es egoísta desear eso, piensas «Un día más» o «hoy tiene mejor carita» pero no es verdad, y no es justo. Por encima de todo eso, de mi deseo de tenerle a mi lado hasta que fuera un señor tozudo y arrugado, por encima de todo eso, como os digo, estaba el deseo de que no sufriera y tenía la sensación de que para eso yo ya llegaba tarde. No he dejado de preguntarme como habrían sido las cosas en otro momento o en otras circunstancias, si se hubiera diagnosticado antes, si lo hubieran operado antes, y si hubiera estado más fuerte, y si le hubiera pedido opinión a otro médico, y si, y si…

Un día después de San Valentín papá decidió irse sin hacer ruido a un sitio más tranquilo. Sí que quiero pensar en un cielo cálido y lleno de cosas buenas.

Os he contado todo esto, tan personal, pero tan bonito en esencia, porque no dejaría de hablar de mi padre nunca, porque le sigo echando de menos todos los días, lo mismo que a mi madre. Esta es la razón egoísta. Homenaje a ellos y mil besos al cielo, como dicen mis hermanas.

Ahora vamos a la parte profesional, a lo que ha pasado desde ahí. A lo que os quiero pedir a vosotros. Primero el cambio radical que dio mi vida y que me ha llevado a estar hoy colaborando activamente con La Asociación Española Contra el Cáncer.

Estudié Bellas Artes, así que como podéis suponer, tenía mucho que aprender, horas de estudio, de libros, cursos, vídeos y práctica, mucha práctica. Pilates no es una carrera reglada, como medicina o fisioterapia, así que lo creáis o no, toca esforzarse aún más en hacerlo perfecto, lo mejor es que lo adoro y no me parece un sacrificio, es más una clase de Pilates puede cambiar un día a mucho mejor en dos segundos (un poco exagerada ya soy para este tema).

Mi interés por el Pilates y todo lo que podía aportar para crear una vida saludable iba en aumento según me quedaba claro lo importante de la prevención en todo. Con todo me refiero a que, en el caso de mi padre, de mi madre y de tantas otras personas un diagnóstico temprano puede cambiar el desenlace de la historia, y lo mismo adelantarse llevando una vida sana, con deporte y una buena alimentación; si siembras es mucho más probable que recojas tu cosecha (mis abuelos eran agricultores, tendría que haberme dado cuenta de esto antes).

Llegados a este punto, se abrió la siguiente puerta al cambio, en un nuevo curso de Pilates conocí el mismo día, a la que sería mi mentora para pasar a ser formadora de profesores de Pilates y el hombre que hoy es mi amigo, mi socio, mi entrenador y quién me llevó a dar un paso al frente: comenzar a correr, y a llevar mi rutina de musculación en el gimnasio. Unimos esto a mi ya amado Pilates y tenemos la tríada perfecta. Obviamente, es mi tríada perfecta, cada uno tenemos que ver cómo crear la nuestra, con la ayuda de profesionales y gente maravillosa que nos rodea y que a veces no vemos, aunque la tengamos delante.

Madre mía si hablo…

Esto que parece un prologo larguísimo ha sido lo primero un homenaje a mi familia, a la gente maravillosa que me he encontrado por el camino y a muchas más que seguro me han ayudado incluso sin darme cuenta.

¿A dónde quiero llegar? ¿Qué aprende alguien normal de una serie de momentos así..? He aprendido que todos tenemos un vaguete en nuestro interior, que hay días en los que no te levantarías de la cama, que tu sofá te llama para que te enrosques con la manta y el libro de misterio; y es perfecto, esas cosas son estupendas, y yo adoro mi sofá y la manta de la abuela Teresa, pero tenemos que movernos, buscar el equilibrio.

Y no es fácil. ¿Creéis que salto de la cama cuando me suena el despertador a las cinco de la mañana porque nos vamos a entrenar al Pirineo…? Soy el bicho más friolero del mundo, así que me daría la vuelta y seguiría durmiendo hasta las diez; pero no, es que no me lo planteo, sólo corro a la ducha y a vestirme para salir volando. Ya os lo he dicho, no soy top, ni competitiva, es solo que sé que llegará la prueba de esfuerzo anual y estaré mejor que hace diez años o que se estropeará el ascensor y subiré rápido las escaleras. No es por nadie, es por mi.

Dicho como profesora de Pilates: con la práctica del Pilates se fortalece la musculatura profunda, el sistema articular, se corrige la postura, se refuerza y elonga la columna vertebral, se mejora la capacidad respiratoria, el equilibrio y la propiocepción.

Es decir, llegado el caso en el que en nuestra vida irrumpa un cáncer, otra enfermedad o un daño sobrevenido (accidente de tráfico, fracturas, ictus, etc), estos factores determinarán con mucha diferencia el cómo nuestro cuerpo responderá tanto al tratamiento como a la vida diaria durante el mismo. No olvidemos que no sólo estamos hablando de salud física, sino también psicológica para lo que está demostrado que la actividad física es fundamental.

Si os lo resumo como Layla, hija «enamorada» de sus padres: debemos cuidarnos, poner todo lo que está en nuestra mano para estar sanos tanto física como mentalmente porque hay en cosas que por mucho que alguien nos quiera no nos podrá ayudar tanto como desee. Vosotros solo empezad de a poquito, con el Pilates, con el gimnasio o con el baile, pero cuidaros. Poneros en manos de profesionales, igual que lo hacéis cuando vais al dentista o vais a dar a luz; esto no es menos importante.

Podría seguir hablando durante horas sobre todo esto, pero os diré sólo una cosa más: me hubiera gustado mucho haber sido profesora de Pilates de mi padre mucho antes de que todo esto comenzase.

Un abrazo mis chicas, a las activas, a las vagotas y a todas…cuidaros mucho.

Nos vemos trotando por el mundo!!!

 

 @lailafdezm

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