Tor Des Geants. Lo que se esconde detrás de un reto

Para quienes nos seguis habitualmente y quienes hacen Ultras el nombre de Ana Bustamante seguro que os suena ya que es una corredora popular, a la que las carreras largas y la montaña le llaman de manera especial aunque sigue corriendo en asfalto carreras cortas y todo lo que la propongan.

Hace casi dos años Ana nos contó su primera experiencia en el Tor y en esta su segunda participación también ha querido compartirla con nosotras. Una prueba de estas características demuestra que cada vez que te enfrentes a ella aprenderás cosas nuevas y que no tendrá nada que ver con aquello que viviste en otro momento aun siendo el mismo recorrido.

Así que sin más preámbulos, aquí tenéis su crónica de este Tor Des Geants 14

“La calma después de la tormenta, ahora llega el momento de la reflexión, de asimilar, con calma todo lo que me ha hecho vivir este Tor des Geants.

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Dicen que nuestro carácter se va forjando desde la más tierna infancia, por eso quiero dedicar esta crónica a mis padres que desde pequeña me hicieron ver la importancia del trabajo y de la perseverancia para conseguir todo lo que uno se propone en la vida, que una voluntad de hierro nos hace conseguir grandes cosas, así que ellos son, en parte, los culpables de que haya cruzado, feliz, la meta de mi segundo Tor.

Mi espíritu aún un poco alterado no me deja pensar con claridad, han sido demasiadas emociones, esto no es una carrera, es toda una aventura, por eso todas mis vivencias quieren salir en esta crónica y yo, la verdad, no sé muy bien por dónde empezar.

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Comenzaré con los días previos, llego el jueves por la noche a Courmayeur, allí ya todo huele a Tor, los ánimos están alterados, la más mínima cosa me molesta e intento buscar relajación en los encuentros con un montón de amigos que viven allí y otros que van llegando. Cuando el día antes cojo la saca amarilla, sé que esto ya está en marcha y no sé si reir o llorar, el miedo, los nervios me tienen atenazada ¿por qué elegí volver?, esta noche quiero que no acabe, quiero echarme a dormir y no pensar, menos mal que el sueño y yo somos grandes aliados y ni en las ocasiones más complicadas deja de echarme una mano, así que duermo y descanso.

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Foto: Ana Bustamante

La salida del Tor es una explosión de colorido, de caras sonrientes, de aplausos y nudos en la garganta, partimos 776 participantes de lugares del mundo tan diversos como Siberia, Japón, Chile, Hungría,….., en esos momentos tu pensamiento no es muy claro, sólo sientes e intentas controlar esas lágrimas que se empeñan en salir, me cuesta hasta respira y es que ésto es muy fuerte, imposible describir. Es domingo y no sé cuando volveré a Courmayeur, todo en mi es incertidumbre y ansia de aventura.

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Foto: Encarna Argüello

La tensión se respira el primer día, ante nosotros la inmensidad contada en kilómetros y desniveles, entonces mi estómago decide estropearse, normal, por algún lado mis nervios se tenían que manifestar, apenas puedo comer y bebo con dificultad, pienso entonces que tengo tiempo para que todo se estabilice y continúo, al final del primer día todo vuelve a la calma, parece que mi cuerpo se ha dado cuenta de que volvemos a estar metidos en el ajo, reviviendo aquel septiembre de 2011 y sabe que todo tiene que funcionar, al menos ahora, al principio, con total precisión.

Estos primeros días corro, camino, camino, corro, es en esta primera parte cuando tenemos que afrontar los dos tresmiles, que se me hacen inalcanzables, subiendo a uno de ellos, el Col Entrelor me encuentro a Quim y a Mayayo con sus inseparables cámaras fotográficas

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Foto: Mayayo

¿Dónde está el col? les pregunto, ¿de verdad lo quieres saber? me responde Quim, y me señalan allí lejos, lejísimos, quién me mandaría a mi preguntar, continúo subiendo y tras no sé cuantas horas pasando un collado y otro, porque siempre es el siguiente, llego y lo que veo allí me quita de un plumazo todo el agotamiento que llevo encima y me olvido de lo que me costaba respirar en algunos tramos, porque lo que tengo ante mi es LA BELLEZA.

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Los descensos se hacen tanto o más largos que los ascensos, me armo de paciencia y pienso en mi siguiente pequeño objetivo, esa base vida o ese refugio donde me he obligado a dormir dos horas al día, el ser una persona metódica me ayuda a llevar un ritmo constante, respetar los descansos y alimentarme en los puntos de control, no dejo nada al azar, voy pensando en pequeñito, aún es martes y hasta el viernes como pronto no llegaré por eso sólo tengo que centrarme en continuar, dar un paso más, sin despistes ni agobios, que mi mente no vea ningún resquicio por el que se nos puedan colar los nubarrones del “no voy a poder con ello” y se mantenga firme mandando a mi cuerpo mensajes siempre positivos.

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Foto: Encarna Argüello

Agradezco en estos primeros días el apoyo de Lolita, su sonrisa y sus ánimos cada vez que me ve llegar, que gran persona. La retirada de Pablo es un punto de inflexión en la carrera, me entristece y me produce una extraña sensación de vacío, me siento sola en medio de estas gigantescas montañas y hasta desmotivada, me gustaría estar a su lado y decirle que habrá más años, que se quede con el cariño y el reconocimiento de todo un valle, porque eso es lo que yo vivo cada vez que llego a un refugio ¿eres la mujer de Pablo, el español? Todo son halagos y yo voy recogiendo en forma de atenciones y cuidados eso que tú, en estos años, has ido sembrando, muchísimo afecto y sinceras amistades.

Foto: Nella Borettaz

Foto: Nella Borettaz

Ante esta mala noticia un suceso acude a paliar mi sensación de soledad. Marco falleció el año pasado y Pablo lleva un pequeño saquito con sus cenizas, es el regalo que su mujer Manuela le quiere hacer en su cincuenta cumpleaños, recorrer el Tor, ahora seré yo quien continúe mi viaje acompañada de Marco, siempre he creído que iba a llegar a meta, pero ahora mi determinación se ha fortalecido, llegaré a Courmayeur y cruzaré ese arco por Pablo , por Marco y por mí.

El camino a ratos es compartido, Paula, argentina, su amiga Paula, chilena y yo nos hemos unido en un tramo en el que la niebla nos dificulta encontrar las marcas, es de noche y la luz de la frontal no ayuda demasiado, hemos hecho un pequeño equipo y así resulta más sencillo. También paso unas horas con Pablo, un barcelonés muy agradable, charlamos animadamente de nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras familias y de un montón de amigos comunes que tenemos, que pequeñito es el mundo, y cuando llegamos a Coda después de una larguísima subida de unas cinco horas y media nos damos un homenaje en forma de una rica cena a base de carne con puré de patata y unas deliciosas cervezas.

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Foto: Encarna Argüello

Al día siguiente a Pablo le atraparía Morfeo y tendría que rendirse a sus dictados , descansa Pablo, nos vemos. Pero antes de ésto la peor noche del Tor nos estaba esperando. Tras dormir las dos horas reglamentarias salimos de Coda, son las doce de la noche y llueve, el terreno es casi de lo más técnico de la prueba, miles, que digo, millones de piedras resbaladizas y barro, no hace demasiado frío aunque claro, metida en tanto goretex……no nos queda otra que seguir, el reloj sigue corriendo, aquí hay que aplicar un extra de motivación, dejará de llover y este camino en algún momento acabará, me concentro en cada paso, se me hace eterno, cada uno va a su ritmo e intenta mantenerse en pie entre resbalón y resbalón, tarea harto difícil, silencio, no es momento de lamentarse solo hay que pensar en seguir y seguir, saludo en el Col de la Vecchia, y continuo apenas sin pararme.

Bajadas infinitas llenas de barro, me siento muy muy cansada, he pasado la mitad de la prueba pero esta noche me ha dejado los depósitos de energía bastante tocados. Pero como todo tiene su fin al ver las campiñas de Gressoney echo a correr, la verdad es que no sé de donde saco la vitalidad pero ahí que voy, es de día, el terreno es perfecto, corro y corro, algunos participantes me miran extrañados, ¿de donde salió esta corredora?El cansancio e ra solo mental, seguro, mi cuerpo sigue muy fuerte, es como si la montaña me quisiera mostrar, después de tantísimos kilómetros, su mirada más amable, como si me quisiera regalar un momento de paz, la recompensa a esa noche infernal, y yo lo recojo agradecida y sonrío, dos caras de la misma moneda, la montaña en estado puro , mucho la tienes que amar para entender todos esos momento que te brinda, los duros para fortalecer tu espíritu y los livianos para dejarte llevar de su mano y simplemente disfrutarla.

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Foto: Encarna Argüello

Mi equipo de apoyo formado por Millán, Encarna y ahora también Pablo me esperan en las bases vida y en algún que otro refugio, cuando ya llevas unos cuantos kilómetros en las piernas y has dormido poco, tu mente comienza a jugarte malas pasadas y no piensas con claridad, por eso su apoyo es importantísimo, me preguntan que necesito, que tal voy, me miman, me ayudan con la saca amarilla que poco a poco se convierte en un caos de ropa, calzado, pilas y demás enseres, me ayudan a ordenar mis prioridades, cambiarme de ropa, descansar, comer, mirar esa ampolla tan pesada que insiste en salirme siempre en el talón,…..y me despiden hasta el siguiente punto mientras yo desaparezco en la noche, otra más, y en esos desniveles que no dan opción al descanso y que exigen de tu cuerpo siempre un poquito más.

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Foto: Encarna Argüello

Mi mente funciona como una auténtica máquina programada para pensar en el siguiente punto de control, nada más es importante, no es importante la ducha, no es importante cualquier “pequeño” dolor, ni la menstruación que también quiere acompañarme, me convierto en un animal que busca su madriguera y su alimento, mi parte más primitiva es la que organiza y decide. Uno de los momentos que recuerdo con especial emoción es la llegada al Col de Naná, la noche está plagada de estrellas y cuando llego tras una larga subida en soledad el amanecer está comenzando a asomar, el cielo tiene una tonalidad azul oscuro, me paro, detrás de mí el Monte Rosa, a un lado el Cervino, sus glaciares han adquirido una tonalidad rosácea, todo un espectáculo…..aún hoy esa imagen permanece en mis retinas, ya solo por esto merece la pena el Tor, me paro porque ahora no es el momento de las prisas, no recuerdo la dureza del camino, el como llegué aquí, ¿por qué tengo el privilegio de vivir este momento?….continúo, mi recarga de energía vuelve a aumentar.

Del km 236 al 280 el Tor nos vuelve a exigir que seamos eso, gigantes, no bajaremos de los 2700mts, un continuo sube y baja entre rocas, lagos, senderos, pasos equipados y refugios donde una buena taza de caldo, de manos de unos siempre amabilísimos voluntarios, es el bien más preciado. El viento arrecia, viento frio de montaña, ese que te dice que tienes que seguir y dar un puntín más a tus pasos y puedes, claro que puedes, han sido muchos meses de entrenos, de ultras de montaña, de frio, calor, tormentas y cansancio y todas tus células conservan ese legado por eso ahora funcionan con una precisión que hasta a mi me sorprende.

La cosa se complica un grado más con la bajada a Oyace muy exigente y larga, eternamente larga, he salido con luz del alto y ahora es noche cerrada y continuo descendiendo, a ratos la desesperación intenta colarse en mi cabeza, ¿es que esta bajada no va a acabar nunca?, hablo con Marco, “me estoy empezando agobiar un poco, tu que conoces ésto ¿cuándo demonios vamos a llegar a la base vida?” Creo que es mi peor momento en el Tor, de repente veo una pala excavadora, ¿aquí? ¿será real o una alucinación? Me acerco, la toco, es real, es el momento de las alucinaciones, también he visto algún animal que no era más que una sombra y los banderines amarillos colocados sobre tutús de bailarinas y no sobre árboles talados, pero ya conozco estas sensaciones, de hecho en el año 2011 viví un montón de ellas,.

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Foto: Encarna Argüello

En Oyace duermo dos horas entre algún que otro sobresalto, la bajada me ha exprimido más de lo que pensaba y, realmente, llego agotada, pero es curioso lo que puede recuperar el cuerpo en tan poco tiempo incluso me ha dado fuerza para hacer un pequeño sprint cuando llego a Ollomont, me como unas enormes tostadas con Nutella y a seguir, aunque aún es de noche el frío aire ya me ha traído el olor de la meta y el alegre cosquilleo que se me ha instalado en el estómago me anima a continuar.

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Foto: Encarna Argüello

Malatrá es un lugar mágico, su nombre también lo es, no sé que extraña energía habita en ese lugar pero todo el que ha llegado hasta allí la ha sentido, todos hablan con respeto de Malatrá.

Me he despedido de mi equipo de ángeles de la guarda en Sant Rhemy y mi próximo encuentro con ellos será en meta, pero aún queda camino por recorrer, un microsueño de tres minutos y a continuar. Cuando parto del último refugio el camino se vuelve exigente, la subida cada vez va tomando más inclinación, pero si miras hacia arriba, ves el corte en la montaña, la ventana que te mostrará el sendero hacia la gloria. Lucio que ya se dirigía al refugio dice que me acompaña hasta el col, yo se lo agradezco, él es un excelente guía de montaña, afrontamos el último tramo equipado con escalones de metal y una cuerda azul, Lucio mira hacia atrás, me tiende su mano por si mi pequeña estatura no me permite dar esos últimos pasos, “voy bien Lucio”….culmino la última subida del Tor y entonces una explosión sale de mí y comienzo a llorar, “Marco lo hemos conseguido!!!”, Lucio me pasa la mano por el hombro, “es bueno emocionarse Ana”, no puedo hablar, no sé que decir, simplemente me despido de Lucho y continuo mientras no doy abasto para limpiar las lágrimas y los mocos, bajo llorando, no puedo parar, lloro en alto y sé que la montaña me mira y me sonríe, si Ana , en muy poquito serás una gigante.

La meta está a unos escasos treinta kilómetros, pero mis pies han dicho basta, noto algo extraño en la zona del metatarso, los nervios se han irritado y me provocan hipersensibilidad hasta la más mínima piedra me produce dolor, aunque estaba dispuesta a seguir corriendo toca cambio de planes, vuelvo a mi etapa de montañera, y camino, me lo tomo como una excursión y así voy recortando kilómetros.

Más lenta de lo que quisiera y congelada llego a Bonatti, está cayendo la tarde y el viento me traspasa mientras mi cuerpo es ya incapaz de generar calor, Lolita ha subido a mi encuentro y me acompañará hasta el final. Cae la noche, voy concentrada en cada paso y en descender poco a poco, Lolita va a mi lado, hablamos poco, pero su mirada me basta para saber que va pendiente de mí, yo no consigo vencer el frío y mis pies claman por parar.

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Foto: Tognetto

Millán sube también a nuestro encuentro, está feliz, el descenso de Bertone lo convierte con sus palabras en una fiesta, a pesar del dolor y de esas piedras que parecen auténticos cuchillos. Y por fin, Courmayeur!!!

Los siguientes minutos se han instalado para siempre en mi corazón, y desde las 12 de la noche del día 14 de septiembre conviven con otros momentos que amo y que me han hecho a lo largo de mi vida inmensamente feliz. Recuerdo ese simpático gorila vestido de negro y amarillo que me espera para acompañarme a meta, le doy la mano y me río con su baile, recuerdo la voz del speaker que cada vez se oye más nítida, recuerdo unos aplausos y unas voces que van subiendo de intensidad, y entonces un recuerdo supera a todo lo demás, mi ser se bloquea, no puedo sentir, mi habitual extroversión se ha anulado, solo observo, esa bandera de España que han hecho mis amigas las panaderas de la Espiga, y tanta y tanta gente con sus cámaras de fotos, busco un plumífero rojo, no veo a Pablo, pero mi pensamiento es más lento que el gorila, cuando se quita su careta y reconozco esa sonrisa tan familiar, Pablo me abraza y entonces sí, sólo entonces puedo llorar y sentir, y sale el cansancio el sueño, el dolor mezclados con la emoción, la superación y la felicidad, y entonces es cuando disfruto de ese momento que verdaderamente es gigante.

Foto: Encarna Argüello

Foto: Encarna Argüello

Cuando ya vuelvo a ser yo, me abrazo con Manuela, la mujer de Marco, la intensidad del momento solo la puedo describir como algo “brutal”, ambas lloramos mientras sentimos que Marco también está con nosotras en ese abrazo.

Y así finaliza este Tor, entre todas esas miradas sonrientes de tantos amigos que me esperan en meta y los cientos y cientos de mensajes, de llamadas de apoyo y de ese seguimiento del que yo no era consciente, hasta en mi centro de trabajo han puesto un perfil con una pequeña muñeca pinchada con una chincheta que cada día avanzaba un poquito más.

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Foto: Encarna Argüello

Tanta energía y tanto calor desde tantos sitios me ha sobrepasado. Siempre he creído firmemente que los grandes objetivos que conseguimos deben llevar consigo el sello de la sencillez, por eso vuelvo a mi vida de siempre, a mi familia, a mi trabajo, a los viajes con Pablo, a los entrenos con mis amigos….mucho esfuerzo y mucho trabajo quedan detrás del Tor, esa meta no ha sido un regalo, el empeño de muchos meses y una férrea confianza en mi misma me han llevado a conseguirla.

Continuaré mis aventuras de la mano de la montaña, recogiendo la sabiduría que se esconde tras sus cumbres y siempre, a pesar de la dureza que me encuentre en sus caminos, poniendo mucho disfrute en este deporte que tanto amo”.

Foto: Mayayo

Foto: Mayayo

 

4 Comments
  • Carlos
    Posted at 10:54h, 01 noviembre Responder

    Una pasada de crónica! Gracias por compartir con todos esos momentos tan especiales que viviste en el Tor. Me sirven de inspiración y me motivan a seguir entrenando y disfrutando de la montaña para tal vez algún un día poder hacer una carrera como esa.

  • vanessa
    Posted at 16:09h, 05 noviembre Responder

    Jope Ana… increible… me he reido me he emocionado y hasta he llorado…que grandes sois.. como he disfrutado leyendote..

  • Montse
    Posted at 21:49h, 05 noviembre Responder

    …me ha emocionado tu relato, como en otras ocasiones. mostrarte así, de natural te hace más grande si cabe, en el monte … en la vida…siempre un fuerte abrazo.

  • mayayo oxigeno
    Posted at 18:55h, 08 noviembre Responder

    Enhorabuena Ana! Una carrera estupenda la tuya, dos veces gigante. Y una gran crónica para revivirla.

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