TRAIL RUNNING EXTREMO: DE LANZAROTE A LA IDITAROD 2015 (565KM POR ALASKA). POR SUSANA GÓMEZ.

Hoy a través de la web carrerasdemontana.com, os dejamos el relato de Susana y “La Ilusión mueve mis piernas”, donde cuenta su fascinación con la nieve y sus aventuras en ella, incluyendo su mas reciente reto la Iditarod 2015. Enhorabuen y sobre todo a seguir disfrutando y sufriendo con los entrenos que te llevarán hasta tu próxima parada

Articulo original publicado en carrerasdemontana.com

“La Iditarod Trail de 565km es una de las grandes referencias en ultras extremas, que atrae tambien algunos los mejores corremontes del mundo, como Geoff Roes quien la ganó en 2012. Susana Gómez ha sido la primera española en completar la prueba en toda su historia, pese a vivir en…Lanzarote (¡!)

Hace unas semanas nos contaba aquí como nació su ilusión. Hoy queremos ver la carrera tal como la vieron sus ojos, a través de esta crónica y de su album de fotos personal de la prueba. ¡Enhorabuena Susana! La ilusión mueve tus piernas.

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CRÓNICA PERSONAL IDITAROD TRAIL 2015,

POR SUSANA GÓMEZ CASTIÑEIRA

Avanzando por la Iditarod Trail Invitational desde el 1 hasta el día 10 de marzo: Un viaje total de 8 días y 21 horas por la inmensidad del paisaje de un país helado, Alaska.
He sido la primera española en terminar esta prueba a pie y aun no me lo creo. Una prueba de 350 millas atravesando lagos, ríos, tundra y más tundra, subiendo y bajando por las montañas que el recorrido ordena hasta su destino: McGrath.

Más de una semana en la que aún estando acostumbrada a unos entrenos en tierras mucho más cálidas (Lanzarote) me tocó sumergirme sin remedio en una prueba que me apabulló. Lo hizo quizá por las 18 horas al día en las que el avance pausado no cesaba, o las 18 horas de pura concentración en cada acción para que nada se convirtiese en un problema que me supusiera un posible contratiempo o abandono.

La falta de experiencia adquirida por el hábito de las carreras polares era mi principal problema. ¿Cómo se entrena una prueba de frío extremo en Canarias?

Entrenar se entrena, a las pruebas me remito (finisher en la Rovaniemi 150 del 2014 y finisher en esta Iditarod 2015) pero apenas hay margen al error y la experiencia.., es un grado en estos casos.
El planteamiento de mi carrera estaba claro desde un principio: Primaba la aventura, no iba a competir.
La pulka, ese trineo que arrastraría tras de mí durante todo el recorrido con el material necesario, pesaba más del doble que el del resto de participantes, allí llevaba todo el material encima. Decidí no preparar los dos bolsos que la organización permitía para reponer material en dos de los checkpoints.

Y eso, después de dos días de ritmos rápidos, me lo recordó el cuerpo: Una infección crónica de piel que volvía a ponerme a prueba y una inflamación en los poplíteos bestial. Eso hizo decrecer mis ganas de “impulso” y decidí arreglar el desaguisado con un avance más pausado y un descanso más regular (aunque no suficiente).

Una media de 3 horas de sueño al día me hicieron ver visiones, visiones que no desaparecían al acercarse a esos muros imaginarios o al intentar dejar devver arena donde había nieve. Y había nieve por todas partes. Momentos complicados de intentar vencer el sueño, zigzagueando constantemente en sus tres o cuatro “pájaras” al día, tras el tercer día de competición.

¿Pensar en abandonar? La organización de la Iditarod dista mucho de la forma de organizar a la que estamos acostumbrados en Europa, sobre todo en España, donde la atención al corredor y los servicios que incluye la inscripción son tantos que hasta nos hemos vuelto unos participantes demasiado “mimados” si lo comparamos con esta Iditarod cruzando la tundra alaskana.

Aquí la opción de abandono podía llegar a los 3.000 dólares del pago de un rescate y eso no entraba en mi cabeza. Solo el viaje en sí, los entrenamientos y el material ya me hacían lo suficientemente costoso este sueño como para permitirme el lujo de pensar en rendirse. Momentos difíciles hubo varios, sin ser consciente realmente de lo extraordinario del esfuerzo que un ser humano puede llegar a realizar en los momentos necesarios.

Junto con mi compañero de carrera Sergio Espinosa, somos los dos españoles que podemos corroborar que la Iditarod es una prueba complicada. Dejamos huella con paso decidido, a veces renqueante, pero firmes en nuestros propósitos.
La aventura se palpaba cada vez que derretíamos nieve: Sin menospreciar el hecho de hidratarse para no “perder tiempo”, la operación se llevaba cosa de hora y media cada día para conseguir tres litros de agua para el camelbag y otro litro para la sopa y la comida. Tambien tocaba a menudo buscar huellas para continuar el camino.

Otros corredores optaron por el gps con los tracks y por beber sin derretir nieve. Esa estrategia supone beber mucho menos con un riesgo orgánico científicamente probado por el que nosotros dos no estabamos dispuestos a pasar por mucho tiempo que se ahorre así en carrera. Aún así, nuestro camino que quedó “emborronado” al pasarnos uno de los controles al final de una jornada y tras darnos cuenta vernos sin ganas de retroceder ocho millas en pro de una firma. Un desvío.., un despiste que supone arriesgar una descalificación.

El localizador spot que llevaba Susana sorprendería despues a la organización por el correcto trazado de la ruta, incluso señalizaba que había pasado al lado de ese control…pero el cuerpo cansado y la vista hacia delante, no acerté a ver el checkpoint deseado para el descanso de esa jornada, obligándome así a cruzar un difícil lago con la noche encima y zonas complicadas para un avance tranquilo.

Anécdotas. Susana pasa a ser una finisher… descalificada. Aunque poco le importa a ella.
Ventiscas, placas de hielo de muy poco grosor, agujeros en los lagos, montaña, nieve virgen, grandes nevadas, subir, bajar, llanear. 350 millas dan para mucho cambio de tiempo, para mucha variación, para muchas sensaciones, para muchos días de avance. Incluso, para ver una Aurora Boreal. 

La suerte hizo que el menú de la carrera fuese completo. Y tranquila continuó su avance llegando a una última noche vivaqueando a menos cuarenta grados, una noche enrabietada por la cercanía de la meta y por las gélidas temperaturas. El dormir fue inútil y el avanzar desesperado.

El sueño y el frío hicieron mella y comencé a errar en la elección de material. Cambié las manoplas por unos guantes para un mejor manejo de los bastones y.., al haber perdido primera y segunda capa en uno de los avituallamientos, ese cambio.., me asustó mucha una leve congelación de mis  dedos. Principio de algo que podría haber sido más complicado si no hubiese sido el último día.

Llegué a meta, tras haber soltado toda la alegría y toda mi frustración millas atrás. Llegué vacía, tras 500 kms recorridos y mucho cansancio encima. Apenas hubo desahogo. Las llegadas no son realmente lo que más me emociona, viendo que todo se acaba tras un año de intensísimo trabajo.
No me terminaba de creer que ya no tendría que arrastrar más el pulka. Me equivocaba, pues cuatro días después todavía en todos sus sueños continuaba arrastrando ese trineo sin poderme quitar la sensación del cuerpo y de la mente.

Ultimo viaje, desde McGrath hasta Anchorage con prisas y sin descanso para poder coger el vuelo de vuelta a casa, alquilando una avioneta y dejando 1.700 dólares en ese lujo obligado por no quedar sitio en el último vuelo del día…
Desde el principio hasta el final, resolviendo detalles para poder llegar a Lanzarote y poder reflexionar lo que en realidad significa haber logrado esta gesta…

Hoy todavía dudo si no deja de ser un ultramaratón más en su vida deportiva.
Quizás me dé cuenta que la Iditarod no es una carrera cualquiera.
La distancia y las condiciones climáticas la hacen distinta a cualquier otra.

Lo que sí tengo claro es que le debo mucho a mi compañero Sergio, un tándem prácticamente perfecto. Como tambien tengo claro que el apoyo recibido por sus patrocinadores, su familia y por los lectores de mi web han hecho que su ilusión no se haya visto mermada en ningún momento de carrera. 

Todos ellos fueron puntos clave para que haya logrado terminar la Iditarod al primer intento: Una deportista entrenando en Canarias, persiguiendo pruebas de frío extremo…

¿Y después de la Iditarod qué?
Esa respuesta nos la dará el tiempo…”

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